jueves, 28 de abril de 2016

Después de un año

Aún después de un año se me hace extraño llamarte. A tí, que esperas paciente a que le demos solución a tus problemas, en esa silla infernal de la sala de espera, Paciente, porque la paciencia se hace un pilar mas de este sistema que nos han conseguido vender. Aún después de un año me recorre un escalofrio al verte entrar. Nadie tiene culpa de la falta de personal, de las consultas banales que abundan hoy día. Nadie tiene culpa pero tú eres el que lo sufre. Y temo encontrarte enojado, ante un sistema al que pongo cara. A veces encuentro comprensión, aun no se si ante el sistema o ante nuestra impotencia; otras lucho contra la tormenta que sobreviene en días malos; y aún sin merecer el chaparrón, soportamos esa lluvia de improperios que caerán en saco roto. Y siempre te digo que los que deben escuchar tus quejas no se encuentran entre las cuatro paredes de mi consulta, pero entiendo que debas desahogar tus ganas de luchar despues de horas con la enfermedad sobre tus hombros. Y volvemos a empezar, cuando ya te sientas, y me cuentas, y me vuelvo parte de la intimidad de tu problema.

Aún no consigo despegarme al llegar a casa de todos tus problemas. Y me descubro pensando que habrá sido de tu dolor de rodilla, de la neumonía que te impedia dormir, de esa analítica que no nos gustaba a ambos. Aún vuelvo a casa con el corazón entre las manos. A veces con la sensación de un trabajo a medias, de no haberte dedicado el tiempo que merecias, pero la lista de pacientes que te siguen impiden que sigamos charlando. Y lo entiendes, porque tu también esperabas detrás de esa puerta de cristal a que tu nombre sonara a través del micrófono. Aunque a mi voz le cueste nombrarte una vez más.